CLAUDE DEBUSSY:

CHANSONS DE BILITIS (Canciones de Bilitis)

Letra: PIERRE LOUŸS

Datos y traducción: Laura Virella

Las 'Canciones de Bilitis' son una colección de poesía fantástica y sensual escrita por Pierre Louÿs (1870-1925), quien en aquel entonces logró convencer al mundo de que el libro era una serie de traducciones de escritos autobiográficos antiguos que había encontrado en las paredes de una tumba en Chipre, supuestamente obra de Bilitis, contemporánea de Safo. 


Mediante varias estampas cortas, el lector hace un recorrido por la niñez, el despertar sexual de la joven adolescente y sus primeras incursiones en el amor, tanto hetero como homosexual, hasta llegar a la adultez. 

Debussy escoge sólo tres de estas escenas, creando una yuxtaposición exacta entre el desarrollo de la razón y la pérdida de un mundo mágico.

En la primera pieza, Bilitis descubre inocentemente su sexualidad a manos de un fauno. En la segunda, un hombre narra el sueño que ha tenido sobre Bilitis a una Bilitis avergonzada. En la última, vemos un adiós, probablemente final, entre Bilitis y un examante.

 

El recorrido es un recorrido doble:

 

Niñez --> Adolescencia --> Adultez

Asombro/magia/descubrimiento --> deseo/vergüenza --> razón/desilusión

I. LA FLAUTA DEL FAUNO

Por los tiempos de Hiacinto,

me entregó una guaira

hecha de juncos bien tallados,

unidos con una cera blanca

tan dulce a mis labios como la miel.

Me enseña a tocar sentada en su falda;

pero yo tiemblo un poco.

Toca después de mí tan y tan suave

que apenas lo escucho.

No tenemos nada que decirnos,

estamos tan cerca el uno del otro;

pero nuestras canciones quieren contestarse,

y poco a poco, nuestras bocas

se encuentran en la flauta.
Es tarde.

He ahí el canto de las ranas verdes

que comienza al caer la noche.

Mi madre no me creerá jamás

que me he retrasado tanto

buscando el cinturón que se me había perdido.

II. LA CABELLERA

Me dijo: "Anoche tuve un sueño.
Tenía tu cabellera alrededor del cuello.

Tenía tu cabello como un collar negro

alrededor de la nuca y sobre el pecho.

Lo acariciaba, y era mío.

Y estábamos atados para siempre,

por la misma cabellera, boca con boca,

igual que dos laureles a menudo no tienen más que una raíz.

Y poco a poco, me pareció

que nuestras extremidades estaban tan enredadas,

que me convertí en ti misma,

o que tú entraste en mí, como en mi sueño".

Cuando había acabado,

puso sus manos delicadamente sobre mis hombros,

y me miraba con tanta ternura,

que yo bajé la vista con un escalofrío.

III. LA TUMBA DE LAS NÁYADES

A lo largo del bosque cubierto de escarcha, caminé;

con el cabello en la boca

florecido de carámbanos diminutos,

y las sandalias pesadas

de nieve enfangada y compacta.

Me dijo: "¿Qué buscas?"

"Estoy siguiendo las huellas del sátiro.

Sus pezuñitas hendidas van alternando

como agujeros en una capa blanca".

Me dijo: "Los sátiros están todos muertos.
Los sátiros y las ninfas también.

Hace treinta años que no hacía un invierno tan terrible.

Las huellas que andas siguiendo son de un macho cabrío.

Pero permanezcamos aquí, en su tumba".

Y con el filo de la azada rompió el hielo

del manantial donde las náyades rieron en antaño.
Tomaba trozos helados

y los levantaba hacia el cielo pálido.

Miraba a través de ellos.

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